Protocolo básico
Mantener la calma y valorar la situación antes de actuar
Las caídas son uno de los accidentes domésticos más frecuentes entre las personas mayores y pueden tener consecuencias muy diferentes: desde un simple susto hasta una fractura o un traumatismo que requiera atención sanitaria. Por eso, saber cómo reaccionar puede marcar una gran diferencia.
Lo primero tras una caída es mantener la calma y evitar intentar levantar a la persona inmediatamente. Antes de moverla es importante comprobar cómo se encuentra, preguntarle si siente dolor y observar si está consciente y puede hablar y moverse con normalidad.
También debemos intentar saber cómo se produjo la caída. No es lo mismo tropezar con una alfombra que caer después de sufrir un mareo o perder el conocimiento. Esta información puede ser importante posteriormente para determinar las posibles causas.
Actuar con tranquilidad permite valorar mejor la situación y evita movimientos precipitados que podrían empeorar una posible lesión.
Si necesitas más información
Comprobar si existen lesiones antes de levantarse
Después de una caída conviene comprobar si existe dolor intenso, sangrado, deformidad visible o dificultad para mover alguna extremidad. Hay que prestar especial atención a posibles golpes en la cabeza y a molestias en cadera, cuello o espalda.
Si existe sospecha de una lesión importante, la persona presenta un dolor intenso, no puede levantarse o creemos que puede haberse lesionado la cabeza, el cuello, la espalda o la cadera, no debemos intentar incorporarla por nuestra cuenta. Lo adecuado es solicitar asistencia sanitaria.
Mientras llega la ayuda, es recomendable mantener a la persona tranquila y confortable, evitando movimientos innecesarios. Si permanece en el suelo, podemos cubrirla con una manta o una prenda para evitar que pierda calor.
En caso de pérdida de consciencia o alteraciones de la respiración, la situación requiere atención urgente y deben seguirse las indicaciones de los servicios de emergencias.
Cómo levantarse de forma segura cuando no existen lesiones aparentes
Si la persona está consciente, no presenta dolor importante ni signos aparentes de lesión y considera que puede incorporarse, debe hacerlo lentamente y sin prisas. Nunca conviene tirar de sus brazos ni intentar levantarla haciendo fuerza de manera brusca.
Una forma recomendada consiste en girarse con cuidado hasta quedar boca abajo, apoyarse sobre los brazos para colocarse a cuatro patas y desplazarse hasta un mueble firme o una superficie estable. Desde ahí, puede apoyar ambas manos, adelantar la pierna con mayor fuerza e incorporarse progresivamente hasta poder sentarse.
Una vez sentada, es aconsejable descansar unos minutos antes de intentar caminar. Levantarse rápidamente podría provocar un nuevo mareo o pérdida de equilibrio.
Si en cualquier momento aparece dolor, mareo o dificultad para continuar, lo mejor es detenerse y pedir ayuda. Si la persona no puede levantarse, debe utilizar el teléfono, un dispositivo de teleasistencia o pedir ayuda a quienes se encuentren cerca.
Qué hacer durante las horas posteriores a una caída
Que una persona consiga levantarse y aparentemente se encuentre bien no significa que debamos olvidarnos inmediatamente de lo ocurrido. Algunas molestias pueden aparecer más tarde, por lo que es importante observar su evolución.
Durante las horas posteriores conviene prestar atención a la aparición de dolor creciente, mareos, somnolencia inusual, confusión, debilidad, dificultad para caminar o cualquier cambio significativo respecto a su estado habitual. Si aparece alguno de estos síntomas, se debe solicitar valoración sanitaria.
También es recomendable revisar las posibles heridas, golpes o hematomas y seguir las indicaciones de los profesionales sanitarios cuando sea necesario.
Además, después de una caída es conveniente informar al profesional sanitario de referencia. Una caída puede ser la consecuencia de numerosos factores, desde problemas de equilibrio o visión hasta determinados medicamentos, debilidad muscular o alteraciones del entorno doméstico. Identificar la causa permite actuar para reducir la posibilidad de que vuelva a suceder.
Después de la caída: buscar la causa para prevenir la siguiente
Una caída no debería considerarse únicamente un accidente aislado, especialmente cuando ocurre en una persona mayor. Una vez resuelta la situación inmediata, es importante analizar qué pudo provocarla.
Puede ser necesario revisar el hogar para detectar alfombras que se desplazan, cables, muebles que dificultan el paso, iluminación insuficiente o suelos resbaladizos. En el baño resulta especialmente útil disponer de superficies antideslizantes y elementos de apoyo cuando sean necesarios.
También conviene valorar el calzado, la visión, la movilidad y el equilibrio. Determinados medicamentos pueden favorecer mareos o bajadas de tensión, por lo que cualquier revisión del tratamiento debe realizarse con el profesional sanitario correspondiente.
El ejercicio físico adaptado también desempeña un papel importante, ya que mantener la fuerza muscular y trabajar el equilibrio contribuye a conservar la autonomía y reducir el riesgo de nuevas caídas.
Saber reaccionar ante una caída aporta seguridad tanto a las personas mayores como a sus familiares y cuidadores. Sin embargo, tan importante como conocer el protocolo básico es trabajar diariamente en la prevención.
Mantener una vivienda segura, fomentar la movilidad, observar posibles cambios en el equilibrio y ofrecer el apoyo necesario puede ayudar a reducir situaciones de riesgo. Además, después de una caída algunas personas desarrollan miedo a volver a caerse y comienzan a limitar sus actividades. Acompañarlas para recuperar progresivamente la confianza resulta fundamental para preservar su autonomía.
En Attento Bienestar entendemos que el cuidado diario también consiste en prevenir. El acompañamiento profesional permite prestar atención a pequeños cambios, ayudar en las actividades cotidianas y ofrecer a las familias una mayor tranquilidad.
Una caída puede ocurrir en cuestión de segundos, pero saber cómo actuar y analizar posteriormente sus causas puede ayudar a evitar complicaciones y, sobre todo, contribuir a que la persona mayor continúe desenvolviéndose en su hogar con la mayor seguridad y autonomía posibles.