Cómo prevenir ese deterioro
La soledad, mucho más que sentirse solo
La soledad es una realidad que afecta a muchas personas mayores y que va mucho más allá de pasar tiempo sin compañía. Una persona puede vivir sola y sentirse acompañada gracias a sus relaciones familiares, amistades o actividades sociales, mientras que otra puede estar rodeada de gente y experimentar una profunda sensación de aislamiento. Cuando esta situación se mantiene durante mucho tiempo, puede terminar influyendo no solo en el bienestar emocional, sino también en la salud física de las personas mayores. Con la edad pueden producirse cambios importantes: la jubilación, la pérdida de la pareja o de amistades, una reducción de la movilidad o el hecho de que los hijos vivan lejos pueden disminuir progresivamente el contacto social. Por este motivo, prestar atención a las relaciones y al acompañamiento debería formar parte del cuidado integral de las personas mayores, igual que atendemos su alimentación, medicación o actividad física.
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Menos actividad y mayor pérdida de movilidad
Una de las consecuencias que puede aparecer cuando una persona mayor pasa demasiado tiempo sola es la reducción de la actividad cotidiana. Salir a comprar, pasear con alguien, visitar a familiares o simplemente quedar para tomar un café son pequeñas acciones que nos obligan a levantarnos, caminar y mantener cierta rutina. Cuando estas actividades desaparecen, es fácil pasar cada vez más horas sentado o en casa. Esta disminución progresiva del movimiento puede contribuir a la pérdida de fuerza muscular, resistencia y equilibrio, aspectos especialmente importantes durante la tercera edad. Además, cuanto menos se mueve una persona, más esfuerzo pueden requerirle determinadas tareas y mayor puede ser su tendencia a evitarlas. Se genera así un círculo difícil de romper: se sale menos porque cuesta más y, al salir menos, también disminuyen las oportunidades de mantenerse activo. Favorecer pequeños paseos, actividades adaptadas y momentos compartidos puede ayudar a mantener una rutina más activa.
La soledad también puede cambiar nuestros hábitos
Las relaciones sociales influyen en muchas de las rutinas que mantenemos casi sin darnos cuenta. Cuando una persona mayor vive una situación de aislamiento, puede comenzar a descuidar algunos hábitos cotidianos. Cocinar únicamente para uno mismo, por ejemplo, puede hacer que se pierda el interés por preparar comidas completas y variadas. Algunas personas terminan recurriendo con mayor frecuencia a alimentos rápidos de preparar o reduciendo la cantidad que comen. Algo similar puede ocurrir con la hidratación, el aseo personal o la organización de las rutinas diarias. La falta de compañía también puede favorecer horarios menos regulares y alterar los patrones de sueño. Por ello, cuando observamos cambios importantes en las costumbres de una persona mayor conviene prestar atención a su situación general y no centrarnos únicamente en un aspecto concreto. Mantener unas rutinas estables y disponer de apoyo para las actividades cotidianas puede contribuir de forma importante a conservar su bienestar y autonomía.
Estrés, descanso y salud física están relacionados
La sensación prolongada de soledad puede convertirse en una fuente de estrés. Nuestro bienestar emocional y nuestro estado físico están estrechamente relacionados, y una situación mantenida de aislamiento puede coincidir con problemas de sueño, menor energía o menos motivación para realizar actividades. A su vez, dormir mal puede hacer que durante el día exista más cansancio y que disminuyan todavía más las ganas de salir, cocinar o realizar ejercicio. Las relaciones sociales, en cambio, proporcionan estímulos, conversaciones, rutinas y momentos agradables que ayudan a estructurar el día. No significa que estar solo durante determinados momentos sea perjudicial; muchas personas disfrutan de su independencia y necesitan sus propios espacios. El problema aparece cuando la soledad no es elegida, genera malestar y comienza a condicionar la forma en la que la persona vive y se cuida. Detectarlo cuanto antes permite buscar alternativas antes de que el aislamiento sea cada vez mayor.
Cómo podemos ayudar a prevenir el aislamiento
Combatir la soledad no significa llenar constantemente la agenda de una persona mayor. Lo importante es conseguir que mantenga relaciones significativas y una vida adaptada a sus intereses y capacidades. Una llamada frecuente, compartir una comida, acompañarla a hacer la compra o establecer un paseo semanal pueden convertirse en momentos muy importantes. También es recomendable fomentar actividades que permitan relacionarse con otras personas: centros de mayores, talleres, asociaciones, actividades culturales, ejercicio adaptado o simplemente mantener el contacto con vecinos y amigos. La tecnología puede ser otra aliada cuando la distancia dificulta las visitas presenciales, mediante llamadas o videollamadas sencillas. Y cuando la familia no puede estar presente todo lo necesario, contar con apoyo profesional permite complementar ese acompañamiento. El objetivo no debería ser sustituir las relaciones familiares, sino ampliar la red de apoyo para que la persona pueda mantener sus rutinas y sentirse acompañada en su día a día.
Cuidar de una persona mayor no consiste únicamente en atender sus necesidades físicas. Preguntar cómo se siente, escucharla, conversar, salir a caminar juntos o compartir una actividad también forman parte de un cuidado de calidad. A veces, cambios aparentemente pequeños —dejar de salir, comer peor, abandonar aficiones o mostrar menos interés por las actividades habituales— pueden indicar que una persona está atravesando una etapa de mayor aislamiento. En Attento Bienestar entendemos el acompañamiento como una parte fundamental de la atención domiciliaria. Nuestros profesionales pueden ayudar en las tareas cotidianas, pero también aportar compañía, conversación y apoyo para mantener las rutinas y favorecer la autonomía. Cada persona tiene necesidades diferentes y, por eso, el acompañamiento debe adaptarse a su situación y respetar siempre sus preferencias. Porque cuidar la salud de nuestros mayores también significa ayudarles a mantener sus vínculos, continuar formando parte de su entorno y saber que, cuando lo necesitan, hay alguien a su lado.